Alvaro-Jimenez-Comunicacion-Politica-L

Paradigma invertido

En octubre de 2015, en medio de una crisis nacional por falta de empleo, la corporación Burger King cesó sus operaciones en Costa Rica despidiendo a más de 400 colaboradores, que se distribuían entre los 29 restaurantes que operaron hasta ese momento. La empresa adujo pocas ventas y falta de entendimiento con su casa matriz.

El ministro de trabajo de entonces, Víctor Morales, atendió a la prensa. Cierto periodista mal intencionado le intentó emplazar, insinuando otras razones para el cierre de la empresa, vinculadas a supuesta inestabilidad provocadas por el gobierno recién entrante. Morales escuchó la pregunta, sonrió con sarcasmo y respondió: “yo no puedo obligar a la gente a que coman hamburguesas”, terminando así la entrevista.

Esta respuesta encierra una gran verdad relacionada a la oferta, demanda y los intereses de las personas, versus las agendas políticas. Un error típico de los jerarcas de gobierno, de los candidatos presidenciales o incluso de los gerentes de marcas comerciales (que son tratamientos abismalmente diferentes, pero en esto sí coinciden) es querer imponer su discurso o sus intereses a costa de todo, incluso a costa de su propia audiencia. Generalmente esto los lleva al fracaso.

Están acostumbrados al paradigma de la imposición discursiva a partir de su agenda íntima de intereses, en lugar de profundizar en la escucha y el entendimiento de las necesidades o los gustos de las personas que los eligen o les compran.

Nunca falta el presidente Municipal de algún recóndito lugar del amplio mundo, que transmite en vivo, por Facebook, en horario estelar, las sesiones de 3 horas de su Concejo de Gobierno Local y se enoja profundamente porque nadie las ve. Esto revela un profundo desconocimiento de cómo y para qué sirve la comunicación política.

Para establecer conversaciones profundas con la ciudadanía (y no sólo depositar un mensaje cualquiera) es necesario primero segmentar y escuchar. Sin escucha ciudadana no hay punto de partida. Los gobernantes son profesionales en ocurrencias, en generar oferta sin sentido, son muy pocos los que destinan horas y equipo a escuchar, entender las necesidades, las realidades, el entorno… Y conversar con las personas acerca de lo que realmente les importa a ellas y no al jerarca o a su caja de resonancia.

Deja una respuesta

Debes registrarte para ser parte de nuestra comunidad

Este sitio web utiliza cookies para garantizar que obtenga la mejor experiencia. Política de Cookies.